Chapter One
DE MI CORAZÓN
AL SUYO Mi nombre es John Baker y tengo el privilegio de servir a Jesucristo en
la Iglesia Saddleback como Pastor de Ministerio. Hace cinco años me uní
al personal de Saddleback como pastor de Recuperación y de Grupos
Pequeños. Hace dos años se me pidió servir como uno de los ancianos y
supervisar más de 150 ministerios en Saddleback. Eso es lo que John Baker
hace.
Como una forma para presentar quién es John Baker, me gustaría relatar
basado en mi testimonio, mis experiencias, fortalezas y esperanzas,
luego de transitar mi propio "camino a la recuperación".
Me crié en un hogar cristiano en la ciudad del medio oeste de
Collinsville, Illinois, que tiene una población de 10,000. Tuve lo que se
llama una infancia "normal", si se le puede decir así. Mis padres eran miembros
de una iglesia bautista pequeña que pastorea un joven llamado Gordon
MacDonald. A la edad de trece años recibí a Cristo en mi corazón. En
bachillerato era el presidente de mi clase y experto en basketball, baseball y
atletismo. Sentí el llamado al ministerio a la edad de dieciséis y apliqué a
varias universidades cristianas. Hasta este momento, todo suena normal
casi aburrido.
Pero tenía un problema: debía ser el mejor en todo. En lo más profundo
de mi ser nunca me sentí suficientemente bueno para mis padres, mis
compañeros de equipo, mis novias, para nadie. Si no era lo suficientemente
bueno para ellos, me preguntaba, cómo podría ser lo suficientemente
bueno para Dios. Debí haberme perdido los servicios dominicales acerca de
la misericordia de Dios, Su amor incondicional y la inmerecida gracia de
Jesús. Yo era una paradoja caminando, hablando, una combinación de la
más baja autoestima y el más grande ego del mundo. Créanme, ese no es un
sentimiento interior muy cómodo. Una candente soledad-un vacío - exactamente
en lo más profundo es la mejor forma en que puedo describir tal sentimiento.
Luché con el llamado de Dios y me juzgué a mí mismo como indigno
para entrar al ministerio. En cambio, luego de terminar mi bachillerato fui
a la Universidad de Missouri. Cuando empaqué para mi primer año, llevé
mi inexistente autoestima. Me uní a una fraternidad y pronto descubrí la
"solución" -o lo que creí ser la solución- para el dolor de mi vida: el alcohol.
¡Funcionó! ¡Encajé allí! Por primera vez en mi vida sentí que pertenecía
a algo.
Mientras estaba en la universidad estudiando una especialidad en administración
de empresas (y con un diplomado en política), conocí a la que
después fue mi esposa, Cheryl. Nos casamos en mi último año. Por causa
de que la Guerra en Vietnam estaba en su apogeo, supimos que luego de
la universidad me llamarían al servicio militar. En poco tiempo Cheryl vislumbró
lo que los próximos diecinueve años traerían consigo.
En 1970 me gradué del College, me uní a la Fuerza Aérea y me seleccionaron
para ser piloto. Asistí a la Escuela de Entrenamiento de Oficiales,
y en diecinueve días aprendí a actuar como un oficial y a beber como un
caballero. Seguí abusando del alcohol, viéndolo como la cura para mi
dolor y ciertamente ¡no como pecado!
En el servicio encontré con rapidez el uso apropiado para un ciento por
ciento de oxígeno - ¡una cura para las resacas! El servicio es un excelente
lugar para descubrir los talentos que uno tiene. Pronto me seleccionaron
como el oficial social de mi escuadrón. ¡Perfecto! Un trabajo que requería
muchas horas de planificación de funciones en el bar del club de los oficiales.
Luego, terminó la guerra y me asignaron a una unidad de reserva.
Después del servicio militar me uní a la Compañía de Papel Scott.
Obtuve mi diploma como Especialista en Administración de Empresas en
una escuela nocturna y Dios nos dió nuestra primera niña, Laura. Dos
años más tarde fuimos bendecidos con nuestro hijo John.
Me promovieron ocho veces en los primeros once años de mi carrera
de negocios. Fui el vicepresidente de ventas y mercadeo para dos manufactureras
de consumo de alimento.
¡Había alcanzado todos mis objetivos profesionales y metas para el
tiempo en que cumplí mis treinta años! Junto con todo este éxito financiero,
sin embargo, llegaron varias nuevos traslados. Nos mudábamos cada
dos años y se nos hizo difícil establecer una iglesia donde asistir, pero como
yo seguía con mi problema de la bebida, eso llegó a ser menos y menos
importante para mí. Sabía que si moría era salvo, pero mi cristianismo no
se reflejaba en mi estilo de vida, prácticas de negocios y prioridades.
Aun así, pensaba que mi vida era normal ante los observadores casuales.
Era el líder del ministerio para jóvenes OANSA. No me costaba nada
salir temprano del trabajo para ir a un bar antes de la reunión del miércoles
por la noche y así descansar y relacionarme mejor con los niños. ¿No
hacían eso todos? También fui el entrenador de la pequeña liga de mi hijo
durante cinco años, pero después de cada juego siempre me detenía por
pizza y por unos pocos tragos de cerveza, junto con mi entrenador asistente.
Y otra vez, ¿no lo hacían todos? ¡Qué insensatez!
Lentamente llegué a sentirme más y más incómodo con el estilo de vida
que estaba llevando. Enfrenté una decisión fuerte. Tenía una opción:
hacerlo a mi manera - seguir bebiendo y viviendo acorde con los criterios
del mundo - o rendirme, arrepentirme y hacerlo a la manera de Dios.
Desearía decirte que vi la luz y que lo hice a la manera de Dios, pero
la verdad es que escogí hacerlo a mi manera. Mi problema con la bebida
continuó y le di la espalda a Dios. Proverbios 14:12 (NVI) dice: "Hay caminos
que al hombre le parecen rectos, pero que acaban por ser caminos de
muerte."
Yo era lo que se conoce como un alcohólico funcional. Nunca perdía un
trabajo, y nunca me arrestaron por manejar ebrio. No, lo único que había
perdido era mi relación con el Señor (mis pecados me separaban de Él) y
con mi familia (Cheryl y yo estábamos separados) y todo el propósito de
vivir. Como puedes ver, lo que había considerado la solución para el problema
de mi vida, el alcohol, ¡llegó a ser el problema!
Mi vida estaba fuera de control. ¡Había creado mi propio infierno en la
Tierra! Una mañana de octubre estaba en la Ciudad de Salt Lake en un
viaje de negocios, cuando me levanté y supe que no podía tomar otro trago.
¡Pero también sabía que no podía vivir sin esto! Finalmente había llegado a
lo más bajo. Estaba muriendo física, mental, y lo más importante, espiritualmente.
Estaba en el Principio 1.
Principio 1. Reconozco que no soy Dios. Admito que no tengo el poder
de controlar mi tendencia a hacer lo malo y que mi vida es inmanejable.
Dichosos los pobres en espíritu.
Paso 1. Admitimos que no tenemos el poder sobre nuestras adicciones y
comportamientos compulsivos, que nuestras vidas han llegado a ser inmanejables.
Yo sé que en mí, es decir, en mi naturaleza pecaminosa, nada bueno habita.
Aunque deseo hacer lo bueno, no soy capaz de hacerlo (Romanos 7:18 NVI).
Dios nunca me ha guardado de cometer un error. Él es un caballero. Él
no se entromete. Él me ama tanto que me permite tomar mis propias decisiones
y errores, sabiendo que cuando ya no tenga alternativa, regresaré a
Él como Él lo planeó.
Cuando regresé a casa, fui a mi primera reunión de Alcohólicos
Anónimos. Pero eso era solo el principio. En resumen, fui a más de noventa
reuniones en noventa días. Mientras el tiempo pasaba, conocí elPrincipio 2.
Principio 2. En forma sincera creo que Dios existe, que le intereso, y
que Él tiene el poder para ayudarme en mi recuperación.
"Dichosos los que lloran, porque serán consolados".
Paso 2. Llegamos a creer que un poder mucho más grande que nosotros
mismos podía restaurarnos hasta la cordura.
"Pues Dios es quien produce en ustedes tanto el querer como el hacer para
que se cumpla su buena voluntad" (Filipenses 2:13 NVI).
¡Aquí es donde encontré mi primer rayo de esperanza! Dios me ama
incondicionalmente. Finalmente podía entender Romanos 11:36 (NVI):"Porque todas las cosas proceden de Él, y existen por Él y para Él."
Hoy mi vida con Cristo es una esperanza sin final; ¡mi vida sin Él era
un final sin esperanza! Mi fuerza de voluntad me dejó vacío y destrozado,
así que cambié mi definición de fuerza de voluntad. Ahora sé que la verdadera
fuerza de voluntad es la disposición de aceptar el poder de Dios
para mi vida.
Esto me llevó al Principio 3.
Principio 3. Conscientemente decido comprometer toda mi vida y voluntad
al cuidado de y control de Cristo.
"Dichosos los humildes."
Paso 3. Tomamos la decisión de volver nuestras vidas y voluntad al cuidado
de Dios.
"Por lo tanto, hermanos, tomando en cuenta la misericordia de Dios, les ruego que
cada uno de ustedes, en adoración espiritual, ofrezca su cuerpo como sacrificio vivo,
santo y agradable a Dios" (Romanos 12:1 NVI).
Al trabajar los primeros tres principios, dije: "No puedo, Dios puede"
y decidí permitírselo. Un día a la vez. Si no nos rendimos a Cristo, ¡nos
rendiremos al Caos!
Pensé que los primeros tres principios eran difíciles, pero ahora venía
el Principio 4.
Principio 4. Una apertura para un autoexamen y confesión de mis faltas
a mí mismo, a Dios, y a alguien en quien confío.
"Dichosos los de corazón limpio"
Paso 4. Sin temor hicimos un inventario moral de nosotros
"Hagamos un examen de conciencia y volvamos al camino del SEÑOR"
(Lamentaciones 3:40 NVI).
Paso 5. Admitimos ante Dios, ante nosotros mismos y ante otro ser
humano la naturaleza exacta de nuestros errores.
"Por eso, confiésense unos a otros sus pecados, y oren unos por otros para
que sean sanados (Santiago 5:16 NVI).
Hasta este punto tenía que volver a visitar al joven John Baker, para
afrontar las heridas, complejos y hábitos que yo había intentado esconder
con el alcohol. Tuve que enfrentar la pérdida de mi hermano. Reconocí la
destrucción que mi alcoholismo le causó a toda la gente que una vez había
estado cerca de mí. Luego de aceptar todo mi problema, enfrenté la verdad
y acepté el poder y la sanidad de Jesús, los cuales me sacaron de la oscuridad
de mis secretos y me llevaron a ¡Su maravillosa luz!
Le agradezco a Dios que me diera un mentor que me ayudara a permanecer
estable y no me juzgara mientras le contaba lo de mi inventario personal.
¡No puedo comenzar a contarte la carga que Dios me quitó cuando
seguí completamente las instrucciones en Santiago 5:16! Ahora sé que fui
perdonado por la obra de Jesucristo -el único y verdadero Poder Absoluto
- en la cruz y que todos los pecados y errores de mi pasado no eran más
un secreto. Ahora, finalmente, estaba dispuesto a que Dios me cambiara.
Estaba listo para someterme a todos los cambios que Dios quería hacer en
mi vida.
El Principio 5 me hizo reconocer que era tiempo para "dejar ir y permitirle
a Dios." ¡Para este tiempo me alegraba hacerlo! Ya había visto suficiente
de mí como para saber que era incapaz de cambiar mi vida por mí
mismo.
Principio 5. Para que Dios pueda hacer los cambios en mi vida, me
someto voluntariamente a Él y con humildad le pido que me quite mis
defectos de carácter.
Dichosos los que trabajan por la paz.
Paso 6. Estábamos completamente listos para que Dios me quitara todos
esos defectos de carácter.
"Humíllense delante del Señor y él los exaltará" (Santiago 4:10 NVI).
Paso 7. Humildemente le pedimos quitar todos nuestros defectos.
"Si confesamos nuestros pecados, Dios, que es fiel y justo, nos los perdonar ·
y nos limpiar· de toda maldad." (1 Juan 1:9 NVI).
Para mí, completar el Principio 5 significó tres cosas: (1) Permitir que
Dios transformara mi mente -su naturaleza, su condición, su identidad;
(2) Aprender a regocijarme en un progreso constante y una paciente mejoría
que permitió que otros vieran los cambios en mí que yo no podía ver;
(3) Dios reconstruyó mi valor personal basado en Su amor por mí, más que
en los criterios del mundo.
Durante este tiempo Dios me dio Su definición de Humildad: "Te basta
con mi gracia, pues mi poder se perfecciona en la debilidad" (2 Corintios
12:9 NVI). Luego pude decir con el apóstol Pablo: "Por lo tanto, gustosamente haré más
bien alarde de mis debilidades ." (Versículo 9-10 NVI).
Ahora estaba listo para trabajar el Principio 6, mi favorito:
Principio 6. Evalúo todas mis relaciones. Ofrezco perdón a los que me
dañaron y enmiendo los daños que causé a otros, excepto cuando ello
pudiera dañar a estas personas o a otros.
"Dichosos los compasivos" y "Dichosos los que trabajan por la paz."
Paso 8. Hicimos una lista de todas las personas a quienes les habíamos
dañado y estuvimos dispuestos a enmendar todo lo que les habíamos
hecho.
"Traten a los demás tal y como quieren que ellos los traten a
ustedes." (Lucas 6:31 NVI).
Paso 9. Tan pronto como se nos hizo posible, hicimos enmiendas directas
a tales personas excepto cuando tales enmiendas les pudiera causar
daño a ellos o a otros.
Por lo tanto, si estás presentando tu ofrenda en el altar y allí recuerdas que
tu hermano tiene algo contra ti, deja tu ofrenda allí delante del altar. Ve primero y
reconcíliate con tu hermano; luego vuelve y presenta tu ofrenda (Mateo 5:23-24
NVI).
Dije que este es mi principio favorito, pero ¡no el más fácil! Tenía una
lista de nombres para hacer enmiendas. Y había desde jefes, empleados
hasta amigos y vecinos. Pero las enmiendas más especiales tenían que ver
con mi familia, especialmente con mi esposa, Cheryl. Todavía estábamos
separados. Le dije que realmente sentía haber causado tanto daño en su
vida, que todavía la amaba y que si alguna vez podía hacer algo por ella - cualquier
cosa -ella solo tenía que pedírmelo.
A través de los meses de separación, Cheryl vio los cambios que Dios estaba
haciendo en mi vida, cambios que ocurrieron mientras estaba en el programa.
(¡Aquí es donde realmente se pone interesante!) Ella y los niños habían
comenzado a asistir a una iglesia que se reunía en un gimnasio. Se llamaba
Saddleback. Un sábado por la noche estaba yo visitando a los niños y ellos me
invitaron a ir con ellos el domingo por la mañana. ¡Y para su sorpresa yo dije
que sí! Habían pasado cinco años desde que yo asistí por última vez a la iglesia,
pero cuando escuché la música y el mensaje del pastor Rick Warren, supe que
estaba en casa. Cheryl y yo comenzamos a trabajar arduamente en nuestros problemas
y cinco meses más tarde Dios abrió nuestros corazones y renovamos
nuestros votos matrimoniales. ¡¿No es eso realmente Dios?!
Nos bautizaron juntos como familia y luego tomamos todas las clases de la
iglesia: 101 Membresía, 201 Madurez y 301 Ministerio.
Continues.