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Perfil de Tres Monarcas: Saul, David y Absalon

(Hardback - May 2004)
$8.99 - Online Price

Overview

Estudio sobre el Quebrantamiento, la Sumision y la Autoridad. Este bello, sencillo y energico relato, narrado por uno de los mejores novelistas norteamericanos, se convirtio en drama, representado por actores profesionales en el teatro y por aficionados en los templos. Algunos pastores han leido a sus congregaciones todo el relato desde el pulpito. Varios lideres cristianos y directores de movimientos religiosos han animado a sus miembros y a sus empleados en todo el mundo a que lean este libro. Por toda la tierra los cristianos han sidos ayudados, consolados y sanados del dolor, el dano y la angustia que han sufrido como resultado de un tratamiento injusto por parte de otros creyentes. Este libro es extraordinariamente util para motivar a la reflexion y discusion en reuniones de pastores y otros lideres espirituales sobre el liderazgo aprobado por Dios."

Details

  • SKU: 9780829743562
  • UPC: 639390743565
  • SKU10: 0829743561
  • Title: Perfil de Tres Monarcas: Saul, David y Absalon
  • Qty Remaining Online: 13
  • Publisher: Vida Publishers
  • Date Published: May 2004
  • Pages: 112
  • Language: Spanish
  • Weight lbs: 0.41
  • Dimensions: 7.44" L x 5.18" W x 0.56" H
  • Themes: Theometrics | Evangelical;
  • Category: PASTORAL HELPS
  • Subject: Christian Ministry - Counseling & Recovery

Chapter Excerpt


Chapter One

El hijo menor de cualquier familia posee dos rasgos distintivos: Se le considera informal y consentido. Por lo general, se espera poco de él. Inevitablemente, revela menos características de liderazgo que los demás hijos de la familia. Nunca guía, siempre sigue. No tiene a ninguno menor que él con quien ejercer el liderazgo.

Así es hoy y así fue hace tres mil años en un pueblo llamado Belén, en una familia de ocho muchachos. Los primeros siete hijos de Isaí trabajaban cerca de la granja de su padre. El menor era enviado a las montañas para que apacentara el pequeño rebaño de ovejas de la familia.

En aquellos aburridos viajes pastoriles, este hijo menor llevaba dos cosas: una honda y un pequeño instrumento parecido a la guitarra. Es abundante el tiempo libre de un pastor en las mesetas, donde durante muchos días pastan las ovejas en una pradera solitaria. A medida que pasaba el tiempo y los días se convertían en semanas, el joven se sentía muy solo.

La sensación de soledad que lo rodeaba siempre se aumentaba en su alma. Tocaba mucho el arpa. Tenía buena voz, de modo que cantaba con frecuencia. Cuando nada de esto lograba distraerlo, recogía un montón de piedras y las lanzaba, una a una, con su honda hacia un árbol distante como si estuviera en realidad furioso.

Cuando desaparecía un montón de piedras, caminaba hasta el árbol que le había servido de blanco, volvía a reunirlas y designaba a otro enemigo frondoso a una distancia todavía mayor.

Así libraba muchas batallas solitarias como esta.

Este pastor, cantor y hondero también amaba a su Señor. Por la noche, mientas todas sus ovejas dormían, se sentaba a contemplar con fijeza el fuego mortecino: de la hoguera, rasgueaba su arpa y ofrecía un concierto de un solo instrumentista. Cantaba los antiguos himnos de la fe de sus antepasados.

Lloraba mientras cantaba; y a menudo, cuando lloraba, terminaba alabando a

Dios.

Cuando no alababa ni lloraba, vigilaba los corderos y las ovejas. Si no estaba

ocupado con su rebaño tiraba con su afable honda una y otra vez hasta que pudiera decirle a cada piedra exactamente adonde dirigirse.

Una vez, mientras cantaba a todo pulmón a Dios, a los ángeles y a las nubes que pasaban, divisó un enemigo vivo: ¡un enorme oso! Se lanzó adelante. Ambos se encontraron avanzando furiosamente hacia el mismo objetivo: un corderito que pastaba en una alta planicie de exquisito pasto verde. El muchacho y el oso se detuvieron a medio camino y se volvieron con violencia para enfrentarse el uno al otro. Aun cuando instintivamente buscó una piedra en su zurrón, el joven se dio cuenta de que no tenía miedo.

Mientras tanto, lo embistieron las patas peludas, como un potente relámpago pardo con furor espumoso. Impulsado por la fuerza de la juventud, puso la piedra en la honda y pronto un guijarro liso del arroyo silbó en el aire para hacer frente la embestida.

Momentos después, el hombre -no tan joven como minutos antes- recogió al corderito y le dijo:

-Yo soy tu pastor y Dios es el mío.

Y así, a lo largo de la noche, entretejió la leyenda del día hasta convertirla en canción. Lanzó al cielo aquel himno repetidas veces hasta que hubo enseñado la melodía y la letra a cada ángel que tenía oído musical. Ellos, a su vez, se hicieron guardianes de esta canción prodigiosa y la hicieron llegar como bálsamo sanador a los quebrantados de corazón de todos los tiempos.

(Continues.)

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